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3 noviembre, 2015

¿Qué quiere una mujer?

¿Qué quiere una mujer?

Entrevista a Luciana Malfatti

Por Margarita Gómez Carrasco

Meses atrás, en el Centro Cultural Recoleta, estuvo montada la obra Superficies de placer de Lucina Malfatti, consistía en una instalación que se entrecruzaba con otras disciplinas, al punto que uno se preguntaba ¿es pintura expandida o una original escultura de algodón?. Lo cierto es que no pasó inadvertida, se pudo apreciar una particular forma de intervenir el espacio. Alejada del momento que estuvo expuesta la obra de Malfati,  puede meditar sobre sus efectos.

En el horizonte aparecen dos conceptos que la artista puso en juego: el tiempo y el espacio, no desde una concepción kantiana, sino como ejes problemáticos sobre los que gira «la mujer».  Dice Lacan en el Seminario XX – Aun– que allí donde surge una verdad, aparece La Mujer. La instalación artística de Malfatti  habla, de que se puede crecer a partir de la piel que recubre la subjetividad, uno puede elevarse, explotar en colores, mutar con el paso del tiempo y soportarlo, para seguir dialogando con la belleza.

El color en Superficies de placer  va más allá de lo que el ojo ve,  es generador de emociones y sensaciones, es el gran constructor de un universo femenino, poético y misterioso, que conducen al espectador al goce estético. Para saber sobre la producción artística de Luciana El Gran Otro la entrevistó.

La instalación  Superficies de placer ¿en qué esta sostenida?

Esta sostenida en un universo pictórico, siempre hay un corazón de pintura en todos mis trabajos y también un lenguaje textil. Siempre lo que hago, trato que sea en el espacio, que tenga una discursividad espacial, entonces este trabajo cumplía con esas características más que nada porque estaba trabajando con algodón. Nace con la ocurrencia de hacer toda una habitación de algodón pintado, teñido. A mí me gusta mucho vivir la experiencia, de lo que le pasa a la gente cuando lo vive y también lo que me pasa a mi cuando lo hago. La búsqueda de cómo ese material se va trasformando en pintura, que materiales se les incorpora. Y terminé pintando todas cosas ingrávidas, sin peso.

¿Cuánto tiempo te llevo madurar la idea de esa instalación?

Empecé en pensar la posibilidad de trabajar el algodón en diciembre, habrán sido tres o cuatro meses de una idea que yo ya venía gestando.

Se que te gustaba teñir, pintar, romper y trenzar las telas, pensé que de algún modo eso tenía que ver con una forma de simbolizar la piel…

Esto tenía mucho que ver con la piel, para mí era piel en algún sentido. Pensé varios nombres sobre todo lo que yo iba fantaseando que iba apareciendo.

¿Cuales son tus eferentes?

Me gusta Soto, es un artista que trabaja con el espacio armando instalaciones, que busca rememorar la idea del arte latinoamericano, recordar las raíces, inclusive Marta Minujin.

En Superficies de placer había partes quemadas, con colores más fuertes que simulaban superficies rugosas…

Si, exactamente, había como concentraciones de pintura. Muchas veces trabajo de manera intuitiva, me pareció interesante que se acumulen momentos más pictóricos, estallidos, grietas pictóricas.

Después de desmontar la instalación ¿qué haces con todo ese material de algodón?

Esta obra es efímera, así como estuvo no vuelve a existir. Pero me parece que está bueno resignificar el material. Ese material deja de existir y pasa a ser otra cosa.

¿A qué edad decidís lanzarte al mundo del arte?

En realidad a mí me costó mucho darme cuenta. Intenté hacer cosas mucho más útiles, que tengan una aplicación. Vengo de una familia de arquitectos, siempre hubo mucha impronta visual, tengo una mano sueltísima, siempre me podía más la creatividad. No fue sencillo para mí, en mi cabeza, asumir que uno podía ser artista. Vengo de una familia relativamente burguesa… las cosas que uno hace las hace con un fin económico, no pensaba en la posibilidad de ser artista, era una cosa demasiado bohemia.

Estudié pintura, diseñé ropa, objetos. Todo en un sentido de mayor aplicación, hasta que me hizo un click y empecé a ver al arte en un sentido más contemporáneo. Mi arte no es lo que más se vende. Es complicado. Yo quise llevar una vida más tradicional, pero no pude. Esto es lo que puedo hacer, es el tipo de obra que puedo producir.

Muchas veces la gente se para a ver mi obra y reconoce mi lado pictórico. Compongo  desde la pintura, y pienso que necesito su expresividad, su gesto. Compongo desde ahí, no puedo pensar de otra manera.

Cuando  empecé a producir arte no era tan luminosa, lúdica y alegre. Tenía una cosa más introspectiva y dramática pero en un momento, empecé a trabajar solamente desde lo formal y construí una identidad desde ahí, de una forma más paradojal y dual, algo tan vibrante y expresivo,  es un poco irónico también.

Esta producción es un universo femenino, coqueto, seductor pero no desde un lugar vacío, es desde un lenguaje asumido. No puedo ser de otra manera, quisiera ser mas sintética, minimalista, pero no puedo. Soy compleja, exuberante. Uno tiene que pararse en algún lugar para construir

¿Qué proyectos tienes a futuro?

Estoy trabajando con este proyecto del algodón, me gustaría convertirlo quizás en cuadros. Igualmente siempre estoy pensando en la instalación, en los espacios, pienso las cosas en manera gigante.

¿En otra etapa de tu producción, por qué se te ocurrió romper y trenzar telas?

Tiene que ver con esta idea de transformar permanentemente. Las modifico, las corto y empiezo a generar una imagen desde otro lugar, trato de cambiar el ángulo de la perspectiva porque para mi cualquier pintura es posible, todo vale en la imagen. A mi me gusta perder un poco el control, por eso voy cambiando y experimentando todo el tiempo, hago cosas para introducir el error. Trato de trabajar desde otro lugar.

Me interesa explorar distintos territorios. Me interesan todas las formas de producir e introducir al espectador un poco más en la obra, en el momento del trabajo, a través de escritos, videos o fotografías, distintos registros. En la incertidumbre de si la obra es la acción, el producto de la acción o el registro de la misma. Cuando uno empieza a bucear podes contemplar posibilidades de obras que se dan en otros momentos, circunstancias.

De acuerdo a los diferentes significados que se le asigna al color, se debe tener en cuenta que la base fundamental es la luz ya que si en ella no podríamos distinguir el efecto cromático.

La obra de Luciana Malfatti traspasa el concepto de instalación artística. Atraviesa el tiempo, el espacio, lo llena de color y nos empuja a abrir interrogantes, de los cuales aparece como retoño la pregunta freudiana:¿Qué quiere una mujer?. Por otro lado, Lacan propone abrir las puertas de la creación a través de lo discursivo, lo erótico, lo nuevo, lo creativo de lo artístico, pone el acento en que todo sujeto, hombre o mujer, en posición femenina, está en la posibilidad de hacer emerger a partir de su deseo a La mujer que lo habita.

 

RECUADRO

Luciana Malfatti nació en Buenos Aires en 1979. Estudio Filosofía en la UBA y Dirección de Artes Escénicas en el CIC. Se desempeña como docente de Pintura en el Espacio Cultural Nuestros Hijos (Ecunhi). Integra el colectivo de artistas Markus que fue seleccionado para el Barrio Joven Arteba 2010