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El Gran Otro | Viernes 23 de Junio de 2017

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Revista Lapsus Calami Nº 3

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Reseña

 

Política y Práctica del Psicoanálisis, Primavera 2012

 

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Nos ponemos serios para dar cuenta de la serie que se inicia con este Nº 3 de la revista Lapsus Calami, en la primavera de 2012, bajo la convocatoria no menos seria de su título: Política y Práctica del Psicoanálisis.

Recordemos que el primer número tenía por título El cuerpo y lo sexual, y el segundo Escritura y síntoma, y para quienes aún no la frecuentan, diremos que esta revista integra la Colección Convergencia que publica Letra Viva Editorial.

Si no hay dos sin tres -y como sabemos es a partir del tres que se hace posible el inicio de una serie- este tercer número da cuenta de un recorrido que ya tiene sello propio, y deja su impronta reconocible al sumarse al conjunto de las otras revistas del medio. Hablamos de una Revista de Psicoanálisis, y así aparece anunciada además en la portada de cada número. Cabe la pregunta entonces acerca de qué se espera de una revista de este… ¿género? Desde luego que haga lugar a hablar de psicoanálisis, desde el psicoanálisis y no sólo de psicoanálisis. Lapsus Calami cumple holgadamente con estos 3 requisitos.

La propuesta de sus responsables, integrantes de un Grupo de Trabajo de Convergencia, Movimiento Lacaniano por el Psicoanálisis Freudiano, llamado Perspectivas en Psicoanálisis, atienden a este fin desde el primer al último detalle.

Una cuidada edición, con ilustraciones y delicados conceptos de diseño, embellecen su presentación, y hacen placentera la lectura al correr de sus páginas.

En este número, y a lo largo de 223 páginas, se ofrecen 12 artículos de reconocidos autores, al que se suman 2 entrevistas, a cargo de integrantes del Comité Editorial, reseñas de libros y minuciosas Notas de Lectura –sesgo distintivo de la revista- también en su mayoría a cargo de integrantes del propio grupo.

Ya en su Editorial queda clara una intención que sostiene la pluralidad, en tanto lleva la firma de quienes escriben el mismo, no en forma conjunta, sino al modo coral.

Se proponen la empresa de llevar adelante una revista con miradas múltiples, encontradas o desencontradas, en torno al tema recortado en cada oportunidad. El epígrafe, tomado del Acta de Fundación del Movimiento plural Convergencia, resume el desafío en el que se inscriben: escapar a la fosilización del discurso psicoanalítico mediante la reinvención constante de la verdad freudiana.

 

A continuación, y al modo de shot cakes, aportamos breves comentarios que anticipen el gusto de lo que podrá paladearse al entrar en los artículos elegidos para este número:

 

Del artículo de Anabel Salafia, Hablar ya es política: lo colectivo es el sujeto de lo individual, destacamos: No hay après-coup sin anticipación (‘ya significa anticipación’, nos dice la autora)

Es el analista quien está ya como objeto del fantasma de quien le habla, y tendrá valor de interpretación que logre poner nombre a la palabra que el analizante busca en vano.

Asentando estos decires en el sustrato lacaniano del analista como ‘la mitad del síntoma’, y del analista ‘formando parte del concepto de inconsciente’, Salafia va a referirse a qué ocurre cuando por el contrario, alguien se ve precipitado a ocupar el lugar del analista, sin poder soportar esa mitad del síntoma que le toca, abriendo entonces a la pregunta ¿qué significa ser la mitad del síntoma?

Hablar, ya es política, porque en tanto hay cuerpos hablantes, hay necesidad de una política. “El ser hablante ha perdido el cuerpo al entrar en el lenguaje, y lo simbólico puede tanto sostenerlo como ‘nadificarlo’” afirma.

 

Roberto Harari, en Segregación de los cuerpalma y la ciencia iátrica, capítulo que forma parte del libro póstumo de reciente aparición ¿Qué dice del cuerpo nuestro psicoanálisis? (en este número de Lapsus Calami podrá leerse una reseña del mismo) comienza alertando acerca de las implicancias del uso en forma indistinta de los términos holocausto (sacrificio ritual) y shoah, entendiendo a este último término –al que considera válido si no se hace lugar a la mojigatería de la lengua- como referencia inequívoca al campo de concentración y de exterminio.

En relación a la temática de la segregación y la reagrupación de los cuerpos a partir de la universalización de la ciencia, se ocupa de los efectos indeseados de la misma, y al mismo tiempo ubica, en la vía nunca zanjada de si el psicoanálisis es o no una ciencia, a esta ‘práctica de la charlatanería’ -como la define Lacan-en la afirmación contundente por su parte del lenguaje como el concepto fundamental.

 

El artículo de Isidoro Vegh , Sujeto de la política, política del sujeto, se inicia con una pregunta fundamental e ineludible: ¿qué es para los psicoanalistas la política?

Con Lacan se responde: es lo inconsciente, y se revela en el síntoma.

Nos ofrece por su parte una definición contundente: “la política es la eficacia del discurso en la distribución del goce cuando se despliega en la lógica colectiva”

Clara referencia al goce del Otro -que no existe pero subsiste –en tanto haya quien se ofrezca a ser su objeto de goce: lugar al líder absoluto y la masa que lo sigue. ‘La crueldad nos pertenece’ dice el autor.

En tanto el goce está atado a la palabra y el lenguaje, el análisis que practicamos, y acá encuentra el aporte fundamental del psicoanálisis a la política: ‘si vale’, logra un efecto de sentido en lo real (esto es, lo real del goce) que nos habita.

 

 

Gerard Pommier, en ¿El psicoanálisis tiene efectos sobre lo político?, formula que el psicoanálisis en extensión se interesa en la política, ya que muestra precisamente lo que interesa al lazo social: el deseo y su condición parricida.

Para el autor, que lo sostiene con firmeza, amparados en la misma letra freudiana los psicoanalistas pueden tener posiciones políticas muy encontradas.

Destaca la lucha eterna de lo nuevo y lo viejo en todos los tiempos en el marco siempre cambiante de la búsqueda común de un bien, en tanto los ideales de ese bien evolucionan y se modifican.

Afirma por último que no está saldada la cuestión de qué es un padre, argumentando que un padre -es y sigue siendo- un hijo, y que sin padre político (Tótem y Tabú) no hay el ‘papá’ (del Edipo) que vemos en la clínica.

 

Alba Flesler, en La política del síntoma en el análisis de un niño, se ocupa de las particularidades del análisis de niños, y reafirma una vez más que sin duda pueden ser analizados, mas nunca al modo de los adultos.

Los niños por los que recibimos una consulta no siempre portan un síntoma, nos dice, pero en ningún momento están ausentes las ‘resonancias’ en algún adulto de su entorno.

Siempre desde la óptica de la práctica con niños, a lo largo de su trabajo destaca muy especialmente: “El valor político del síntoma como respuesta del sujeto”

 

Noemí Sirota, en El Otro como dimensión: transferencia y ‘odioamoramiento’, se propone trabajar las dimensiones en psicoanálisis, en orden a situar, dentro de las pasiones -el significante ‘nos pasiona’ propone- los avatares del amor y el odio al final del análisis.

Es sobre lalangue que se produce el trabajo del saber, nos dice, saber que con acierto llama en espera, de que se produzca en el despliegue de la transferencia si hay quien pueda encarnarlo.

Se pregunta por qué algunos análisis se detienen en el odio, a partir de cómo juega precisamente éste en la transferencia, para concluir que si el odio no opera como límite a atravesar, haciendo que pueda surgir ‘un nuevo amor’,  es en tanto un real no tomado por el significante.

 

Robson de Freitas Pereira, en Litoral, síntoma, encuentro-casi ensayo, y en la rica línea de contacto entre psicoanálisis y literatura, trata de precisar la pertinencia del género ensayo en la transmisión de la experiencia analítica.

Casi ensayo –precisa aún mas- tentativa, lo fragmentario, asimilando el casi a una incompletud que no es pasible de corrección, y que de este modo se testimonia. A lo largo del texto busca resaltar el valor de la transferencia: “la particularidad psicoanalítica depende de la transferencia”, y señala que en el casi, también se implica el casi litoral entre goce y saber, entre cuerpo y verdad, y desde allí la afirmación: “Es por reconocer lo real que organiza su experiencia, que el ensayo psicoanalítico puede reivindicar la condición de casi ensayo”

 

El trabajo de Enrique Tenenbaum, Práctica y Escritura, hace pie en uno de los fundamentales escritos de Lewis Carroll, La caza del snarck…, señalando allí el punto en que Lacan dice encontrar una teoría del sujeto que nos concierne.

Tenenbaum nos dice: Se trata en psicoanálisis de lalengua y no sólo del lenguaje, y a partir de allí se pregunta: ¿En qué se emparienta la escritura de Lewis Carroll con la de los psicoanalistas? En especial, propone, en que alcanza lo que Lacan llamo real: ‘puntas, claro que no sensibles’ ‘trozos, claro que no integrables’. Es la existencia de un resto irreductible, lo que por otra parte hace imposible la transmisión de la clínica: es el a de Lacan o el snarck de Dodgson.

 

Alberto Franco, en Acerca de la política del psicoanálisis y la ética del psicoanalista, va deslizando su interés de política del psicoanálisis a política del psicoanalista (praxis del psicoanalista)

Apoyándose como es de rigor en los principios freudianos de neutralidad y abstinencia -nos dice- es importante que el analista se sepa concernido por aquello que denuncia, la falta en ser.

En la crucial discriminación entre dispositivo y artificio, Franco procura fabricar una proposición: “para el analista la táctica es de artificio” se apoya en la singularidad –en tanto no hay producción en serie- y se ubica como causa al obrar conforme a su deseo.

Por ultimo, advierte del riesgo de ritualizar como dispositivo, con el riesgo de empobrecer la experiencia -no dando lugar al acontecimiento más que en pequeños puntos de fuga- los encuentros de la comunidad analítica, paso obligado ineludible en la autorización del analista, que es ‘con otros’.

 

Alicia R. Alvarez, en Psicoanálisis y Política, se interroga acerca de lazo social actual según las coordenadas que establece el discurso del amo moderno. En esta dirección establece un minucioso recorrido por Freud y Lacan en relación a la política, y a la luz de los desarrollos de J.C, Milner en torno a La política de las cosas, tal el nombre del texto del filósofo francés que toma como referencia, concluye ubicando la política de los seres hablantes del lado del amo antiguo, y la de las cosas, como discurso del amo moderno.

 

Paola Mieli, en Acto analítico, acto jurídico: paradojas, aporías, contradicciones, se ocupa de las reglamentaciones actuales que pretenden regimentar la práctica del psicoanálisis por fuera de las asociaciones de psicoanalistas que lo han realizado a lo largo de 100 años de historia del psicoanálisis, y llama a reflexionar respecto de la relación entre acto jurídico y acto analítico, toda vez que considera –y allí encuentra el escollo fundamental- un uso ‘expandido’ del acto jurídico.

 

Alessandra Guerra, en Un acto de inscripción no es un acto formal, se ocupa de esclarecer el importante y decisivo tema de las leyes que reglamentan las psicoterapias en Italia a partir de 1989 y sus consecuencias, ya que si bien no concernían inicialmente a los psicoanalistas, terminaron subsumiendo lo inherente a la legitimación de su práctica, desde siempre validada por las asociaciones analíticas, al discurso médico.

De allí se desprende, y por la vía de una adecuada fundamentación, el llamamiento y búsqueda de adhesión por parte de la comunidad analítica en su conjunto –y en distintos lugares del mundo- al que se conoce como Manifiesto Italiano.

 

Por último destaquemos que forman parte de esta entrega, entrevistas a dos importantes colegas franceses: Eric Porge (a cargo de Alejandra Ruiz) y René Lew (a cargo de Alejandra Ruiz y Verónica Cohen)

En este número, se ocupan de las Notas de Lectura y reseñas Verónica Cohen, Adriana Bauab, Ilda Rodríguez, Alejandra Ruiz, y Daniel Zimmerman.

Como bien señala Ilda Rodríguez en una Nota preliminar: “No hay comunicación unívoca, el discurrir de la lectura se deja llevar por el impulso de un atractor extraño”.

Por ende, se suscitan múltiples lecturas, que dan lugar a las diferencias, y a la decisión de comentar, mentar, reseñar, dar cuenta de una lectura, no exhaustiva, ni la única posible o valedera. Es un rasgo diferencial, como decíamos al comienzo, la caladura que en cada ocasión se recorta, para quienes llevan adelante la tarea, en la forma de estas Notas de lectura, sostenidas en una posición ética clara, evidenciable en enunciados sutiles: ‘a mi modo de ver’ ‘a mi entender’ ‘quizás’, que escapan a certezas categóricas o afirmaciones pretenciosas.

Tratándose de la política, precisamente, parece que va de suyo el deseo de tomar y dar la palabra que caracteriza a quienes animan la revista: habilitar a que cada quien se sostenga en su decir, en equilibrio inestable junto a otros decires.

Sin frases declamatorias ni verdades cerradas, Lapsus Calami llama a la reinvención proteiforme que genera la lectura y apropiación de un texto, que como sabemos, si muerde un real, dice lo que dice, y además hace decir.

 

 

 

Beatriz Mattiangeli

Psicoanalista.

Miembro de Mayéutica Institución Psicoanalítica.