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El Gran Otro | Lunes 26 de Junio de 2017

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Rosalba Mirabella «Recrear las miradas y preguntarme qué pasa»

Rosalba Mirabella «Recrear las miradas  y preguntarme qué pasa»

Por Marifé Marcó

La obra Álbum de Rosalba Mirabella conlleva varias etapas. Primero, la artista reúne fotos familiares con las que trabaja, luego, las reconstruye montando pequeñas escenografías donde coloca los muñecos de epoxi, corporizando a las personas que aparecen en su álbum familiar. Construida la escena, toma una fotografía y finalmente destruye la maqueta y los muñequitos. De esta forma, le imprime otro sentido y el resultado de esta acción lúdica se transforma en una obra efímera, de la cual solo queda el registro fotográfico.
Atraídos por este modo inusual de trabajo artístico, nos dirigimos a San Miguel de Tucumán para entrevistar a Rosalba Mirabella, quien nos cuenta los pormenores de su trabajo.

¿Cómo nace la idea de armar Álbum?
En el 2000, trabajé con fotos carnet, hice una serie bastante extensa de minirretratos, después, fueron pinturas en miniatura, aunque siempre trabajé con fotografías. El proceso se acentuó cuando en 2007 fui a la costa argentina, a una residencia de artistas en el Hotel Ostende. Allí teníamos que hacer un ejercicio nuevo, un nuevo proyecto en un hotel antiguo que tenía, desde su fundación, una colección de fotos colgadas en la galería. Entonces, como un juego, empecé a descolgarlas y a esconderlas de donde estaban, y las reemplazaba por otras hechas por mí, eran fotos reconstruida por maquetas y muñequitos de masilla epoxi. La gente que se hospedaba en el hotel circulaba por los pasillos y veía la colección de fotos antiguas junto a mi versión reconstruidas de modo muy precario. Después, cuando regresé a mi casa, empecé a hacer lo mismo, pero con mi álbum de familia. Hacía recreaciones de cada situación, como el cumpleaños de quince de mi mamá, fotos de mi abuela. Así, empecé a desarrollar el Álbum hasta ahora.

¿Cuánto tiempo te lleva hacer cada obra?
Cada obra me lleva varios meses. Ahora, estoy trabajando de otra forma porque tengo una cuestión de espacio-tiempo reducida. Igualmente, yo creo que la obra tiene que realizarse como necesite, no la puedo hacer muy rápido, me toma el tiempo que requiere el trabajo.

¿Trabajás con alguien en el armado de la escenografía?
Todo lo hago yo. La parte del edificio es cartón, para eso trabajé con un arquitecto que me ayudó con la maqueta porque yo no veía las proporciones.

¿Cuándo aparece la inspiración?
Es muy intuitivo. Me llama la atención la gente cercana, es cuando aparece algo que me interesa, muchas veces no sé exactamente qué es, pero me gusta mucho la potencia de contarte una historia en una sola toma, porque lo que más me gusta es recrear las miradas; entonces, me pregunto qué está pasando en la mente de estas personas, por qué están vestidos así, todo esto que es como si fuera un fotograma en una película. Entonces, al recrear, uno ve un poco de la situación que se esconde, como una toma retenida que cobra vida de alguna forma.

¿Cuánto tiempo te lleva armar los muñequitos con epoxi?
Es lo que más tiempo me lleva, pero, por mi objetivo, es tiempo previsible.

¿Cómo fue tu viaje a Londres?
Muy rico en experiencia. Fui a una residencia, era un intercambio. La cuestión es que cuando llego (ya venía haciendo un trabajo sobre la pared), dibujo como arte efímero, en la pared, el lugar donde iba a vivir. Estuve tres meses en ese paraíso cultural. El primer choque fue ese modo de trabajar prolijo y organizado, yo estaba acostumbrada a otra cosa. Fue enriquecedor llegar y conectarme con gente amigable. A ellos no les importaba ni siquiera si hablaba inglés, había reuniones donde me preguntaban qué quería hacer durante los tres meses que tenía que estar ahí. Se me ocurrió pintar las paredes de negro, y otras personas nos dijeron que teníamos que pintar todo de negro, las paredes, los pisos, todo. Mi novio, que había viajado conmigo, me cantaba una canción de los ochenta, teníamos una iconografía relacionada con mi ciudad, con su música. Ahí empezamos a plasmar un diario sobre las paredes. La idea era que, después del trabajo, volviéramos a pintar con el color que la encontramos.

¡Qué trabajo! Primero, pintar todo de negro y, luego, volver al blanco. ¿Documentaste eso?
Sí, para que estas experiencias no se diluyan a nada. Fue un hermoso viaje. A la vez, fue una experiencia de tiempo, todos los días filmábamos, aunque el video quedó en la nada. Londres fue un antes y un después, solo estuve tres meses, de enero a abril, pero me abrió muchísimo la cabeza, también un montón de puertas, sobre todo, experimenté un trabajo muy organizado. Eso te lleva a indagar mucho. Otra cosa que me ha quedado es no temerle a la escala. Podés hacerlo muy chico, como también muy grande, llevar una obra hasta sus últimas consecuencias, por ejemplo, que la obra requiera pintar toda la habitación de negro.

Perdiste el miedo.
Sí. Si bien yo trabajaba cierta escala, pero no tanta. Creo que esta experiencia te deja una marca, como te digo, antes trabajás de una forma, y ver a gente que trabaja con otras formas está bueno.

¿Tenés una obra con la cual te identifiques?
Sí, una obra que me movilizó muchísimo fue una miniserie llamada Muñecos del destino, y aunque, en realidad, la fotografía es lo que más me entusiasma, esta miniserie que se transmitió por Canal Público era una obra interesante porque ahí digo cosas que no las consigo decir con la fotografía y, a su vez, con la fotografía, digo otras cosas que no consigo decirlas de otra forma. Ahora, estoy indagando lo audiovisual y la imagen fija, aunque son obras completamente distintas.

¿Cuáles son tus proyectos?
Estoy en un proyecto de foto color sobre mis hermanas y yo en el zoológico. A veces, es difícil hablar sobre las obras. En esta serie, que estoy tratando de manera subjetiva, trabajamos las maquetas con la idea de reproducir la luz de forma natural, un ejemplo es estar completamente a oscuras, con linternas para desprenderme del detalle. La idea es trabajar la maqueta desde el espacio. En realidad, lo que estoy tratando es que el trabajo sea sobre lo mental, sobre lo que no se puede fotografiar, y buscar la forma de poder ponerlo en la foto.

Al despedirme de Rosalba Mirabella, me quedé pensando en el nombre de la serie televisiva, Muñecos del destino, con la cual Rosalba se identifica. Quizá, en esa obra incluye todos aquellos otros muñecos y maquetas que la artista destruye como si ella misma fuera una fuerza desconocida, inexorable, jugando a ser Dios sin saberlo. Este acto me remite al pensamiento de Freud: «Disposición y azar determinan el destino de un ser humano; rara vez, quizá nunca, lo hace uno solo de estos poderes».