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El Gran Otro | Lunes 26 de Junio de 2017

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Un espacio para la sensibilidad: el centro cultural de las Madres de Plaza de Mayo

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El ECuNHi, el centro cultural de las Madres de Plaza de Mayo, fue inaugurado en 2004 por Néstor Kirchner sobre el terreno donde funcionara la ESMA. Se trata de un espacio cultural donde el arte y la creatividad se expresan con amor, y la imaginación funciona como una herramienta para la construcción social y cultural.

Por Martín Jali

¿Qué es un espacio cultural? Pocas definiciones más claras, precisas y emocionantes que las que brindan las Madres al hablar del ECuNHi (Espacio Cultural Nuestros Hijos): «Un espacio cultural es un lugar para que una comunidad reavive su capacidad identitaria. Para que una comunidad se repiense desde su quehacer, desde su querer, desde su soñar, haciendo que interactúen pasado, presente y futuro en una constante búsqueda creativa».

De esta manera, mientras el Espacio para la memoria y para la promoción y defensa de los Derechos Humanos –el cual funciona de manera integral al ECuNHi– tiene como objetivo principal preservar y transmitir la reflexión y la historia de lo ocurrido en la última dictadura, a través de testimonios, documentos, objetos, el ECuNHi busca construir un espacio creativo orientado a la práctica de las artes visuales, teatro, música y literatura. Al mismo tiempo, se llevan adelante talleres, seminarios, cursos, charlas, muestras de teatro, recitales. Un claro ejemplo de esto fue el Festival de teatro infantil Hugo Midón, llevado a cabo durante el mes de septiembre, donde se efectuaron de manera gratuita obras de teatro, talleres de circo y títeres.

En el ECuNHi, por otra parte, también se lleva adelante el programa El ECuNHi hace escuela, en el cual se  ofrece la posibilidad de realizar una experiencia artística y educativa a estudiantes de nivel inicial, primario y secundario, tanto de escuelas públicas como privadas. El eje lo constituyen las actividades artísticas que se llevan a cabo en los talleres teatrales, de plástica, música y artes visuales, en los que los asistentes experimentarán la infinita transformación que ofrece el arte a la hora de profundizar la conciencia de la historia reciente.

Verónica Parodi, directora general del PROEBI (Proyecto del Bicentenario) y coordinadora del programa El ECuNHi hace escuela, charló con El Gran Otro y nos cuenta: «El programa El ECuNHi hace escuela lleva adelante prácticas artísticas que interpelan las nociones de verdad y justicia desde el pensamiento crítico, con el fin de promover la construcción de la memoria colectiva. Desde el año 2010, desarrollamos actividades educativas, artísticas y culturales junto con el Ministerio de Educación de la Nación. Estas se proponen estimular un encuentro colectivo con el arte que permita un acceso novedoso a la historia más reciente del pasado argentino. Para ello, alumnos, alumnas y docentes de escuelas públicas y privadas, y de organizaciones sociales de todos los niveles educativos, concurren al ECuNHi, en donde realizan talleres de arte –percusión, teatro, plástica y narración, entre otros– en los que reflexionan acerca de la memoria y la identidad desde un punto de vista creativo y crítico. Ya han pasado más de 20.000 alumnos de más de 480 establecimientos educativos».

¿Cómo se planean y se llevan adelante las visitas, Verónica?

Cada visita es diferente, cada visita la hacemos según lo que los niños y sus docentes traen. Hay niños que llegan llenos de preguntas, llenos de inquietudes, y otros, reflexivos, acompañan cada momento. Los adolescentes recorren el Espacio Cultural de las Madres de Plaza de Mayo con respeto, movilizados y con mucho interés de participar. Los más chiquititos nos maravillan y llenan de vida el lugar, tal como lo quieren las Madres; ellos nos dan energía vital, energía y amor.

¿Podés contarnos cómo es tu experiencia como directora del programa?

La verdad nos hace libres; transformar un lugar de horror en un lugar de vida arte y memoria es sin dudas un gran desafío. Tal vez, muchos sientan temor de que sus hijos se enfrenten al período más trágico de nuestra historia reciente. Pero los chicos nos sorprenden con su manera de reflexionar, con la naturalidad con que abordan lo doloroso y lo transforman en vida. No hay que tener miedo, debemos ser los responsables de esta construcción de memoria colectiva.

Trabajo hace 3 años en el ECuNHi, y mi vida se transformó profundamente desde que comencé a soñar junto a mis compañeros la posibilidad de la llegada de niños, adolescentes y maestros, construyendo entre todos el Espacio Cultural de las Madres de Plaza de Mayo. Los desafíos son muchísimos, pero el más importante es que puedan llegar más y más a conocer este maravilloso lugar.

Pasado

Sobre la avenida Libertador, en la zona norte de la ciudad, en el lugar que ahora ocupan el Museo para la Memoria, el Centro Cultural Nuestros Hijos y el Instituto Espacio para la Memoria, funcionaba, durante la última dictadura militar, el centro clandestino de detención, tortura y exterminio de personas conocido como la ESMA (Escuela de Mecánica de la Armada), donde estuvieron detenidas ilegalmente más de 5.000 personas, muchas de ellas hoy «desaparecidas». El casino de oficiales –un edificio de tres plantas ubicado en el centro del predio– fue el núcleo central donde se alojaron los detenidos y se llevaron adelante las torturas de los secuestrados: el tercer piso, conocido como «capucha», funcionaba como centro de detención; el sótano era el lugar donde se alojaba a los detenidos antes de ser «trasladados»; «la pecera» estaba constituida por el centro de vigilancia, el archivo y biblioteca; «el pañol», por otra parte, funcionaba como depósito del botín saqueado de la casa de los desaparecidos; de manera irregular, finalmente, distribuidas en distintos pisos, funcionaban «las oficinas»: habitaciones destinadas a interrogatorios y torturas. Según testimonios de sobrevivientes, la ESMA contó también con una maternidad clandestina, donde fueron recluidas y dieron a luz prisioneras detenidas en distintos centros clandestinos de tortura. Las madres, como la gran mayoría de los prisioneros, son hoy desaparecidas.

Al finalizar la dictadura, la Escuela de Mecánica de la Armada volvió a funcionar como centro de instrucción militar. En 1983, la CONADEP (Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas), a través del informe Nunca más, declaró: «La ESMA no sólo era un centro clandestino de detención donde se aplicaban tormentos, sino que funcionaba como el eje operativo de una compleja organización que incluso, posiblemente pretendió ocultar con el exterminio de sus víctimas los delitos que cometía».

En el 2000, la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires revocó la cesión del predio y dispuso la creación de un Museo de la Memoria. En 2004, Néstor Kirchner, en un conmovedor discurso donde pidió perdón, en nombre del Estado, por las atrocidades llevadas a cabo por la dictadura, ordenó desalojar las dependencias militares del lugar y creó el «Espacio para la memoria y para la promoción y defensa de los Derechos Humanos», traspaso que se completó en el año 2007.

Actualmente, una comisión bipartita (integrada por representantes de la Secretaría de Derechos Humanos de Nación y de la Subsecretaría de Derechos Humanos de la ciudad de Buenos Aires) lleva adelante la gestión y la administración de este espacio donde se busca reflexionar y ejercitar la memoria sobre lo acontecido en la última dictadura militar.

Presente

Más poesía, menos policía es un ciclo itinerante donde poetas y narradores leen sus obras; donde además se exponen pinturas, trabajos visuales, y hay música en vivo. Nacido como tal en 2008, en un pequeño PH de Belgrano, y después de haber recorrido ciudades como La Plata, Santa Fe, Santiago del Estero, el Uruguay y, en 4 oportunidades, el ECuNHi, sus creadores –Nicolás Castro, Ricardo Dios y Mariano Abrevaya Dios– aspiran a que los versos y los relatos expresen sentidos, a fin de construir una propuesta social y colectiva. En esta oportunidad, charlamos con Nicolás Castro y Mariano Abrevaya Dios.

El ciclo tiene una propuesta multidisciplinaria, que abarca principalmente la literatura, pero también la música, la pintura y trabajos plásticos. ¿Dirían que hay una relación entre estos rasgos multidisciplinarios y la voluntad de conformar una propuesta social y colectiva?

Creemos que el hombre nunca trasciende solo, sino en comunidad. Y también entendemos el arte como una correa de transmisión de la mirada que tenemos del mundo. Nosotros nos dedicamos a la poesía y a la narrativa porque es en ese terreno donde más cómodos estamos para expresarnos, pero cuando producimos nuestros ciclos intentamos adornarlos con la mayor cantidad posible de propuestas artísticas. La música, por supuesto, y siempre que se pueda, también le damos un lugar a los artistas plásticos. Nos falta el teatro, aunque una vez, en la Sinagoga, un desconocido se puso de pie y desplegó un delirante monólogo con baile, y manotazos contra su torso desnudo, a modo de ritmo, incluido. Aparte de los poetas que leen fragmentos de su obra directamente de alguno de sus libros publicados, también nos interesa que circulen escritores que están dando sus primeros pasos, que tomen aire, y se animen a sentarse frente a las treinta o cuarenta personas que conforman la platea, porque el relato oral de nuestros propios textos es todo un desafío, que incluso nos pone a prueba en términos teatrales.

 

¿Cómo es la experiencia de llevar el ciclo al Espacio Cultural Nuestros Hijos, dentro de los que fue la ESMA? ¿Está experiencia se modificó en relación con otras presentaciones que hicieron dentro del ECuNHi? ¿Sienten que el ECuNHi es un espacio ideal para Más poesía, menos policía, teniendo en cuenta la búsqueda social y comunitaria del ciclo?

En el ECuNHi nos presentamos cuatro veces. Tres de ellas en el microcine, y una, en pleno invierno, en el auditorio principal. Siempre fue muy movilizante y conmovedor. No es cualquier lugar. Es el espacio cultural de las Madres de Plaza de Mayo. Ni nosotros ni los que se acercan al predio para participar de MPMP salen indemnes de la ex ESMA. Atravesar el portón de la avenida Libertador, caminar por las calles internas de la escuela donde funcionó un campo de concentración, tiene su costo. Algunos de los textos que hemos leído allí hicieron alusión a aquella siniestra experiencia del Estado genocida, y otros no. Y ahí está parte del sentido social de nuestra propuesta. Cada artista interviene desde su lugar, sin ningún condicionamiento, ya que el verdadero hecho político colectivo es que tanto nosotros como todos los que trabajan ahí dentro, o participan de las actividades del ECuNHi y otros espacios, contamos con la posibilidad de celebrar, por medio de la poesía y la música, por ejemplo, que los tiempos han cambiado y que la justicia, en nuestro país, llegó tarde, pero llegó para quedarse. Que hay nuevos horizontes y esperanza.

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