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El Gran Otro | Sabado 18 de Noviembre de 2017

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Una breve experiencia en el festival de cine local

<!--:es-->Una breve experiencia en el festival de cine local<!--:-->

Llega a mi la primera brisa gentil del verano mar platense, y con ella también llegan ecos de ideas en movimiento y expresiones del vecindario. Las ganas de manifestarse se tornan aun mas táctiles y menos timidas a la hora de tomar forma. En este contexto es que toma lugar el 27 festival de cine y dentro de el, un curioso certamen de cine independiente  destinado a fomentar la actividad local. Sobre él es que planeo comentarles:

Por: Marco Gobello

Era la tarde y me encontraba yo chateando con la idea de esa noche ir a un recital de una banda punk que me gusta mucho llamada Ilegal, cuando Robi, una amiga, me comenta que un grupo de conocidos nuestros van a proyectar un corto de su autoría en el contexto de este certamen en tan solo un par de horas. Robi no pudo arreglar su bici así que la lleve en la mía  no hubo problemas, ella es mas bien liviana. Días antes ya había participado del festival de cine cuando fui a ver la reedición de “theshining” de Stanley Kubrick, con sala llena  y un sector solo para gente acreditada en la sala Piazzola del Auditorium. De entonces que no había tomado contacto con este evento hasta esta noche de bicicletas y cine joven.

La proyección tomo lugar en la Nave Histórica situada en la plaza del agua del barrio Guemes. Cuando llegamos ahí no me sorprendió la cantidad y el cariz de la concurrencia, en su mayoría personas que sobre si mismos reproducen el talante del barrio Guemes perfumado y prolijo. Al encontrar este panorama me encontré naturalmente repelido hacia afuera del recinto, como una gota de aceite en el agua. Afuera y a través de los ventanales nos llegaban a mi y a los otros las imágenes de los cortos que se sucedían sin interrupciones uno tras otro, observados por unos, percibidos por otros y simplemente presenciados por la mayoría. Yo oscilaba mas bien entre el segundo y el tercer grupo según mi atención se desplazaba entre las charlas que se daban en el césped de la plaza y los viajes a buscar cerveza que dispendia la producción del festival de manera gratuita. En este punto quisiera señalar (como agente activo) el desbalance notorio de inversión por parte del ministerio de cultura entre la industria del turismo y los distintos focos de desarrollo artístico en la ciudad, que son muchos y tan ricos como ignorados.

Sobre el césped también estaba nuestra buena disposición de conversar con las personas que salían de la sala cuya convicción e interés sobre el ritual que estaba tomando lugar era sustancialmente más grande que el mio. Entre ellos dimos con un curioso yugoslavo que nos comentaba de su amor por nuestra ciudad, accedimos a algunas fotos junto a dos amigos suyos de una manera muy divertidos. En su totalidad la proyección no duro mas de 2 horas y mi gente resulto ganadora del 3er premio que constaba de 4.000 pesos. El sonido de la sala estaba mal distribuido, los parlantes de escasa potencia para una sala tan grande tan concurrida. El collage que a mi vista se dibujaba entre estas apreciaciones y otras pasadas no hizo otra cosa que reafirmar mi idea de que las  de gente donde realmente ocurre un intercambio suelen estar desprovistas de tanta pompa y que, a pesar de ello, en todo sitio hay un alma dispuesta a recibir lo que tengas para dar.

 

Cabe destacar que este certamen resulto muy positivo para el movimiento de los artistas locales ya que entre las películas que participan del festival no se contaba con ninguna participación local.

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