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El Gran Otro | Sabado 21 de Octubre de 2017

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¿Una Europa federal es posible?

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Actualidad

Crisis económica, quiebra de Grecia, ataques al euro, conflictos, desencuentros, corrupción en las instituciones, desencanto… Europa parece estar lejos del Estado federal… ¿o más cerca?

Por Candela Vizcaíno (corresponsal en España)

A tenor de las noticias que inundan los diarios, habrá lectores que opinen que, antes que ponernos a preguntar por un federalismo en Europa, deberíamos cuestionarnos, más bien, la viabilidad del modelo presente. ¿Una Europa única cuando, al día de hoy, hay posiciones tan enfrentadas entre sí que se nos antojan irreconciliables? Los de norte, abanderados por Alemania, reprochan a los de sur el dispendio en gasto público pagado con una deuda creciente que amenaza con desbordarse.

Están los partidarios de la austeridad (de nuevo, Angela Merkel a la cabeza) y los que abogan por más gasto (sin explicar de dónde puede salir el dinero, al margen de la subida de impuestos de las rentas altas), como medida para reactivar la economía. Países como Portugal o Irlanda han desaparecido de la mesa de negociaciones, mientras que Grecia (que debe repetir elecciones el próximo 16 de junio al no conseguir formar gobierno ningún partido) se precipita hacia la expulsión y la quiebra. Los neonazis y la ultraderecha (Francia y Marie Le Pen, Grecia y Amanecer Dorado, resistentes en Holanda y Austria…) avanzan con fuerza entre una población perdida que no sabe a quién culpar de sus males presentes.

El interés por la deuda soberana se dispara mientras aumenta el paro en zonas en principio inmunes al problema. En Italia rige un gobierno de tecnócratas. El euro sigue perdiendo fuerza (esto puede ser bueno, según se mire), a la par que las bolsas del continente se hunden, con ligeros repuntes que solo se explican por especulaciones a gran escala. El Banco Central Europeo se encuentra acorralado, y el Parlamento de Europa, sito en Bruselas, parece una mera marioneta de los intereses de la plutocracia internacional.

Y, con esta situación, ¿va Europa a plantearse un cambio hacia el federalismo? ¿Para qué? ¿Para ser una voz común en un mundo globalizado? ¿La fórmula posibilitaría una resolución más eficaz de los problemas de los ciudadanos? Por supuesto, los distintos Estados miembros no trabajan en esta tesitura, pero no hay que olvidar que los grandes cambios (para bien y para mal) han surgido de situaciones de crisis extrema como esta.

Lejos queda el año 1957, cuando se firmaron los Tratados de Roma, germen de la actual Unión Europea formada por veintisiete países, de los cuales no todos participan del euro. En estas largas décadas, se han construido un espacio común sin fronteras y una moneda única que, al día de hoy, amenaza con saltar por los aires.

¿Qué es lo que ha fallado? ¿Cuáles son los problemas? Si hay uno a tener en cuenta, en primer lugar, son las distintas idiosincrasias de países hasta hace solo unas décadas enfrentados entre sí, y ahora socios y «amigos». Que en suelo europeo ha habido, solo en el siglo XX, dos grandes guerras parece que se nos olvida. A pesar del abandono progresivo de los sentimientos nacionalistas (al ser sustituidos por un espíritu mercantilista, económico y utilitario que no entiende de tierra ni patria), la historia conflictiva aún no ha desaparecido, y son muchos los ciudadanos que no aceptan las sugerencias llegadas de quienes antaño fueron enemigos irreconciliables y ahora pretenden construir una familia común.

Están estos sentimientos arraigados en el inconsciente y afloran en el espíritu corporativo al menor problema de tipo económico, y los de Europa no son precisamente de pequeño calado. Tenemos que recordar, aunque sea obvio, que la Europa del siglo XXI no es el espacio ahistórico de los Estados Unidos de finales del XVIII, cuando comenzó su proceso de federalización.

Si a esto unimos una grave crisis de tipo económico, monetario, fiscal, bursátil, financiero y de confianza con respecto al euro, es normal que la población europea tenga incluso la tentación de desandar el camino iniciado, en un intento suicida por volver a un pasado que ya no es posible reproducir. Y no es posible porque esta crisis ha coincidido con un cambio tecnológico tal que se exige de la población una transformación radical de su estar en el mundo (y eso para otro día).

El empobrecimiento de Europa llega también por una inadaptación al trabajo que demandan los nuevos tiempos. Esa masa laboral que, por falta de recursos educativos, no puede acoplarse a esta nueva realidad está siendo excluida hacia las fronteras de la marginación. La respuesta es el abrazo fácil a las propuestas políticas de un populismo oportunista, cuando no a opciones tan radicales como las descabelladas de los nuevos neonazis. Con esta rápida radiografía, Europa parece que camina hacia la disolución absoluta, más que hacia un federalismo de corte norteamericano.

Pero, como indicamos anteriormente, es en los momentos de crisis cuando se ponen en cuestión hitos de tal calado como este. ¿Está Europa preparada? Con total seguridad, hay que responder que ahora no, que ahora tiene que atender otros frentes de más urgencia. Pero sí podemos decir que no hay otro momento mejor para plantar esa semilla. Las grandes transformaciones políticas surgen cuando los estándares de calidad de vida conquistados amenazan con derrumbarse o se caen directamente.

Es ahora cuando puede anidar un sentimiento federalista que ilusione a una población escandalizada por abusos de poder, corrupción, incompetencia o avaricia patológica de los que están llamados (porque han sido elegidos y/o se les paga para ello) a cuidar y a hacer todo lo posible para que la situación de catástrofe que vive Europa al completo no vaya a más.

Sin lugar a dudas, se necesita un líder competente que sea capaz de ilusionar a una población abatida, abrumada y acosada a impuestos. Un líder que, al día de hoy, no ha aparecido en el horizonte, por muchas esperanzas que se tengan puestas en el socialista francés Hollande, reciente ganador de las elecciones en su país.

De todos modos, hasta que las elites políticas no se sacudan de deletéreas ideas preconcebidas y no impongan un camino de austeridad (la misma que acosa a la población general) a los grandes gestores de la administración o de empresas estratégicas nacionalizadas, hasta que no se racionalice el gasto corriente recortando de partidas totalmente prescindibles y ampliando las fundamentales (educación y sanidad principalmente), hasta que los dirigentes de las naciones más pobladas (Alemania, Francia, Italia, España…) no sean capaces de generar una narración común, coherente e ilusionante que la población sienta como suya, hasta que no aplaquen a unos mercados que, como plagas de langostas, amenazan con devorarlo todo…, un federalismo eficaz en Europa no será posible.

Eso sí, la semilla puede que, al día de hoy, esté ya germinando en suelo europeo…

Twitter @CandelaVizcaino

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